Esto no es un paisaje
Episodio 1.

Homesession (Barcelona 2020)

https://www.neo2.com/daniel-de-la-barra-esto-no-es-un-paisaje-en-homessesion/

 

Esta  revisión se centra en acercarnos un escalón, desde una mirada crítica y un viaje incierto, a la producción cultural del paisaje, de sus elementos y  de su memoria; como un espacio donde la energía y la justicia ambiental, los derechos  y el realismo especulativo de la imágen se encuentran, coalicionan, arden; proponiendo  nuevas formas de liberar la mirada al paisaje, partiendo desde la cultura o culto de la imagen y símbolos como como sombras que olvidan, estrategias de control y vértigo. Descomponiendo la postal del paisaje para reavivar recuerdos intolerables, desde los procesos evangelizadores o románticos, capitalistas ,   independendizadores o digitales.

 

Esta expedición ficticia se desarrolla a partir un cuaderno de viajes cargado de bocetos de las zonas agroindustriales y   mineras  de oro de La Pampa y Camanti  en la Amazonía,  simulando  el papel del artista viajero  en América Latina  durante los siglos XVIII y XIX; y de una serie de cartas filmadas. Se descompone   las pinturas de la Real expedición botánica y del paisaje romántico para revelar con sus propios procesos, composiciones  y elementos, la imagen encubierta resultante detrás de la postal de propaganda.

A través de la literatura, la poesía, la pintura y, posteriormente, el cine, nos ha sido inculcada una mirada exotista y extractiva hacia el paisaje. Una mirada que desde su romanticismo añejo, de privilegios y autoridades, necesita vigilar con las velas encendidas los rastros de torpeza con que se clavaron banderas hirientes. 

 

La mirada  peregrina como el viajero. Constituye los discursos que marcan nuestra historia ; a cada minuto solo una porción de la realidad existe en frente y allí, donde no se quiere ver, es donde sucede todo lo que inyecta la posibilidad del privilegio. Cada periodo es un régimen atencional determinado, donde la mirada se dirige desde el poder;  un sistema de preferencias y especulaciones, de clarividencias y cegueras.

 

Cuando se habla de pintura de paisajes, y especialmente de los pintores provenientes de expediciones del norte, la mirada está cargada de convenciones culturales inscritas con intenciones de dominación. Imágenes que construyen ideales más que documentar; versionando esa mirada idílica de postal sobre  América que sería llevaba a  Europa, con una mirada cegada por el estereotipo de ese continente salvaje, por descubrir y extirpar.   La idea romántica del paisaje americano suponía el sometimiento de la tierra a través de la imagen. Un imaginario de sentido único con poco interés en respetar  las particularidades y diferencias de cada contexto, y pasarlo al plano de lo exótico y museificable, en el mejor de los casos.

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